Entrevista Carmen Escarti, experta en duelo, luz y esperanza despues de la oscuridad

“Me gusta identificar el DuELO como Dar Esperanza y Luz a la Oscuridad”

ENTREVISTA A CARMEN ESCARTI

 

Psicóloga, terapeuta transpersonal, experta en duelo y creadora del taller “Pérdidas, duelo, luz”, sabe, por experiencia personal y profesional, del dolor extremo que produce la pérdida de un ser querido, un dolor que, por momentos, parece que va a ahogar. Pero sabe también de la resiliencia del ser humano, de la luz después de la oscuridad y del aprendizaje que conlleva: “La muerte nos enseña a vivir”.

 

-¿Qué es un duelo sano?
-Un duelo sano es transitar el dolor, permitirse vivir el duelo; es como seguir un mapa que comienza con la aceptación de la pérdida, el primer paso, hasta ir recolocando emocionalmente a la persona fallecida y seguir viviendo. Me gusta identificar el duelo, siguiendo sus letras, como Dar Esperanza y Luz a la Oscuridad. Al final del duelo hay una luz.

-¿Cuáles son las principales dificultades con las que nos encontramos durante el proceso de duelo?
-Si no me permito vivir el duelo, me voy a encontrar con muchos obstáculos y muchas dificultades. Entre las que más percibo son las creencias que tenemos sobre el apego, sobre la necesidad de soltar y sobre lo que es una pérdida. Nuestras creencias y la forma de canalizar las emociones que nos vayan viniendo van a influir mucho en nuestro proceso.

-¿Cómo influye el apego?
-En el apego está muy marcado el perder y ganar. En mindfulness, se dice que la raíz del sufrimiento está en el apego. Si yo tengo una vinculación compulsiva con algo o alguien y creo que sin esa persona no voy a ser feliz, surge el sufrimiento. Sin embargo, cuando podemos dejar el sufrimiento, podemos avanzar en el desapego, soltar, dejar ir. Nadie ni nada nos pertenece. Respecto a este tema, hay un libro muy interesante, Dejar ir, del doctor Hawkins. Me viene también una frase de Fidel Delgado: “Saber soltar te permite quedarte disponible a lo que tenga que venir de nuevo”. En mi caso personal, tuve que aprender a soltar a mi madre, fue un proceso muy duro, tenía Alzheimer y no quería que se fuese. Finalmente, pude decirla: “Tengo que dejarte ir, vete cuando tú desees”. Me sentí muy liberada cuando lo expresé. Todavía me emociono al nombrarlo.

 

«Nos enseñan continuamente a ganar, pero nadie nos enseña a perder»

-¿Cómo sociedad, seguimos dando la espalda a la pérdida?
-El apego es muy fuerte y común en esta sociedad. Una de las creencias que más escucho es “yo sin mi ser querido me muero”. Nos enseñan continuamente a ganar, pero nadie nos enseña a perder. De pequeños, se muere una mascota, por ejemplo, y enseguida nos la sustituyen por otra; se pierde o rompe algo y rápidamente le decimos al niño: “No te preocupes, compramos otro, pero no llores, no pasa nada”. Cómo que no pasa nada, sí pasa. Como cuando decimos, “no te enfades”. Claro que hay momentos para enfadarse. No podemos negar continuamente las emociones.

-¿Qué pasos implica transitar la pérdida?
-William Worden no habla de fases del duelo, sino de tareas, que son más productivistas. Hay una parte activa del doliente. Estas tareas no son del todo lineales, se pueden, además, superponer. La primera sería aceptar la realidad de la pérdida; la segunda, trabajar las emociones y el dolor, fundamental también; la tercera, adaptarse al medio en el que el fallecido está ausente, una necesidad ya que tú sigues en el medio, te puedes ir a una isla desierta, pero sería huir. Y, por último, recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo. Todos los roles que tienes con esa persona, todo lo que has hecho con esa persona ahora ya no lo puedes hacer, pero ese vínculo emocional perdura siempre. En momentos de una pérdida, debemos respetarnos y respetar los tiempos. Y, en la medida de nuestras posibilidades, con ayuda profesional si es necesario, observar nuestras creencias, hábitos y gestión emocional y reemplazar aquello que no nos funciona. Trabajando nuestra mirada interior podremos convertirlo, con nuestros tiempos, en una oportunidad de aprendizaje, dando sentido a la pérdida.

-¿Cuáles son las principales emociones que se viven?
-La culpa es una de las más presentes. Nos repetimos muy a menudo el “pude hacer algo más por esta persona” o “no estuve lo suficiente con ella”. La tristeza es otra muy habitual y también fundamental en el proceso de pérdida. Suele haber, igualmente, enfado con el mundo, con Dios o con la vida, no entendemos el porqué de la pérdida. Hay momentos en los que también surge el miedo a vivir sin esa persona: qué voy a hacer yo ahora sin ella. En este punto, surge la necesidad que había detrás de la persona que se ha ido. Muchas veces proyectamos toda esa necesidad en esa persona y, al no estar, entramos en pánico porque no sabemos qué va a ser de nosotros si no cubrimos esa necesidad.

 

«El dolor hay que vivirlo, es algo natural, aunque claro que duele»

-¿Cuáles son tus principales recomendaciones para alguien que en su núcleo cercano tiene a un doliente?
Estar presente con él. Muchas veces nos preguntamos qué hago, qué digo y no hay nada que hacer ni que decir, simplemente conectar con esa persona, escucharla y naturalizar la pérdida. El dolor hay que vivirlo, es algo natural, aunque claro que duele. También recomiendo al doliente y a su entorno calma dentro de la tempestad. Duele tanto que creemos que no podemos soportarlo, queremos salir ya, huir, pero es necesario transitar el duelo

-¿Cuándo recomiendas pedir ayuda?
-Cuando hay alguien que no puede hablar de esa persona o ver o no tirar nada después de tiempo ahí hay algo que no se ha sanado. Por lo general, no se ha permitido el duelo y sus emociones siguen siendo muy intensas pasados los meses.

-¿Cómo saber que se ha superado el duelo?
-Cuando hablas de esa persona teniendo presente todo lo bueno que te dio. Aunque te emociones, ya no hay sufrimiento, hay una parte positiva. El dolor es inevitable, pero el sufrimiento sí. Según vamos transitando nuestro proceso de duelo, vamos aceptando la pérdida y teniendo agradecimiento por lo vivido con esa persona.

 

«La muerte nos enseña a estar más presentes»

-¿Qué nos puede enseñar la muerte?
-La muerte nos enseña a vivir. Como decía Elisabeth Kübler-Ross, “todo final es un luminoso principio”. La muerte nos enseña que nada es permanente, todo cambia, las cosas y las personas también tenemos un ciclo. La muerte nos enseña a estar más presentes, al aquí y ahora, aunque muchas veces se nos olvide pero no nos fustiguemos por eso. Volvemos a recordarlo una y otra vez. Ya Platón señalaba que “aprendiendo a morir se aprende a vivir”. El duelo es un proceso de autoconocimiento profundo y de crecimiento. Es muy íntimo y aunque te sientas absolutamente derrumbado, se te ensancha el pecho, lo que te permite ir creciendo.

2 Comentarios
  • Chelo
    Publicado el 09:35h, 05 diciembre Responder

    En ello estoy, “transitando” el duelo de mi padre. Gracias por este post.

  • Transitar el duelo
    Publicado el 20:40h, 10 diciembre Responder

    Querida Chelo, así es, a pesar del enorme dolor es necesario sostenerlo con consciencia para poder transitar el duelo. Todo nuestro cariño. Un gran abrazo

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